Había perdido la costumbre de escribir aquí. Hasta se siente raro.
Han pasado miles de cosas en el tiempo que he estado fuera, aunque sigo siendo la misma estúpida. He enfrentado las peores derrotas de mi vida, entre ellas la de la supuesta persona que cambiaría al menos este año escolar.
Fue ayer, el día que me tomó las manos y me dijo "tengo que decirte algo" y yo con las mejores esperanzas de que algo bueno sería, me dice "ya estoy conociendo a otra persona". Le dí la mejor de las sonrisas, y le dije "¡que bien!", de verdad me creyó que estaba encantada con la noticia, y seguí a su lado para que no notara que realmente me dolió. Si hay algo que he aprendido es que jamás alguien debe verme llorar, no lo merece. Nunca nadie más va a merecer mis malditas y amargas lágrimas, soy una persona distinta. Yo ya no respeto, me hago respetar.
Y no voy a seguir escribiendo que extraño a alguien, o que quiero. Esas cosas ya no son para mi, y no volverán a serlo. Así estoy mucho mejor, nunca más algo me dolerá, no voy a permitir que mis ojos tengan contacto con alguna otra mirada. Prefiero vivir mirando el piso.
Ya han hecho suficiente, todos. Y el día que tenga una sonrisa envidiable nadie la mirará, por que ya estaré lo suficientemente escondida para lograr ser feliz, en un mundo separado de este, en un mundo en donde casi viva sola, y lo único que podré ver por las mañanas es la preciosa y dulce luz del sol, sol que en este momento odio por hacerme ver de lunes a viernes la cara asquerosa de quien me dijo que no haría nada que otros ya me hayan hecho. Maldita gente mentirosa.
Continuando con el tema de ayer, al terminar el recreo le solté la mano y me dirigí a la sala, no aguanté y me lancé como un bebé a los brazos mi compañera, Rose (no es un personaje, realmente se llama Rose Marie). Y ella me sostuvo mientras yo parecía llorar de rabia, solo rabia. Y no hizo nada más que abrazarme fuerte hasta que logré levantar la cabeza y decirle lo que había pasado, y me miró con cara de enojo también y dijo "que no te vea llorar" y fue el mejor consejo que alguien pudo darme en años. Y de hecho, es la única mujer que ha sabido hacer algo más que criticar minuto a minuto.
Las cosas están cambiando para mi. Y ya no seré el payaso de circo, ahora seré el espectador.
Esperando reír.
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